Свято-Елисаветинский монастырь
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DISPENSARIO PARA TUBERCULOSOS

Tenemos que subir desde la tierra triste hacia el Paraíso y alegrarnos junto con los ángeles por un  alma salvada, por una taza de agua fría servida en el nombre de Dios.

Mártir sagrada gran Princesa Isabel

Nada acerca el corazón a Dios como la gracia.

¿Para qué sirven los sufrimientos?

¿Para qué sufrir si vivimos bajo el poder de Dios Misericordioso? Con esta pregunta me dirigí una vez a un eremita y nunca olvidaré mi asombro sincero al recibir su respuesta:

– “precisamente por eso sufrimos, amigo mío, porque el Señor es bueno”.

En aquel momento estuve a punto de indignarme con tal respuesta, pero ahora digo que de verdad así es. Supongo que muchos no estarán de acuerdo conmigo pues entenderán como una paradoja imposible la idea de que el padecimiento y el dolor de esta vida procedan de la Misericordia Divina.   Para los niños del dispensario esta realidad es difícil de entender.

Quien no sepa qué son realmente estos pabellones podría considerar el edificio ubicado en el fondo del bosque como una colonia escolar. Aquí residen niños de todas las edades: desde bebés hasta adolescentes. En el tercer piso está la escuela de enseñanza general, donde los niños estudian porque algunos de ellos deben recibir un tratamiento especializado durante años, y de esta manera pueden estar al día en sus estudios. 

Lo primero que conseguimos erigir con la ayuda de Dios y con la colaboración de la Hermandad fue un icostasio pequeño y un estante con libros de contenido espiritual. Hay que subrayar que la administración y el personal médico nos ayudan y apoyan en todo; reúnen a los niños para el Tedéum; antes del desayuno reparten agua bendita y pan eucarístico, pasta para la fiesta de Navidad y de Pascua, libros de la biblioteca... Después del  Tedéum los niños siempre se confiesan. Los jóvenes no saben qué decir y se agrupan en torno a la mesa donde reparten el pan, que sirve de atril. El letrero “PAN” encima de la mesa tiene un sentido simbólico: el sacerdote lo ha explicado como “PAdre Nuestro”. Por la mañana aquí se celebrará el Sacramento y los niños tomarán el Pan Eucarístico y la Sangre del Señor. Así alguien se curaría o llegarían los padres y llevarían el niño a casa, en vez de mandarlo al orfanato después de darse de alta. Luego a su sitio hospedan a otro enfermito, que hasta no sería bautizado y pronto recibiría el Sacramento del Bautizo.  (lo siento pero no entiendo el sentido de la frase)  

Nastia. Está en un pabellón pequeño, duerme tranquilita en su cama confortable. Sin embargo, los juguetes no sustituirán el calor de padres. Su madre está privada de la patria potestad y dada de alta, la niña regresará al orfanato.

Vitalik y Sasha. Los dos bebés tienen una lesión grave del SNC por el virus tuberculoso. Uno es ciego y sordomudo, tiene hidrocefalia; el otro es sordo. Lo que más impresionan son sus caritas que se desfiguran por el sufrimiento,  pequeñuelos que gritan y lloran. Los analgésicos no les calman dolores de cabeza. Los dos son huérfanos y, cuando estén dados de alta entrarán, el en orfanato.

Stasik. A primera vista este callado parece sano y bien nutrido. Sin embargo el aspecto interior es totalmente distinto. Tiene una enfermedad incurable, y tuberculosis como enfermedad acompañante.

Lesha. Es el último hijo en la familia de una señora entrada en años. Tiene lesionados sus órganos interiores y SNC, su vientre está cubierto con cicatrices. Las piernas se le doblan y el chico no es capaz de andar, tiene el aspecto de un bebé aunque es adolescente. Sin embargo lo bueno es que su mamá lo ama y no pierde la esperanza. Sus hijos mayores le ayudan. Cuando vemos sus sufrimientos, el corazón se nos reblandece y nos viene a la memoria una historia:     

Erase un niño que a causa de su enfermedad además de paralítico era ciego y mudo. Estaba acostado en su cama pensando “¿Para qué vivo? La gente normal tiene valor, y yo no soy capaz de nada, mientas todos trabajan para mantenerme”. Le dio pena por sus padres y empezó a rezar por ellos a Dios. Rezó devotamente  por su padre para que no le llamaran la atención en el trabajo. Cuando regresó su padre del trabajo exclamó “¡Qué extraordinario es! Mi jefe en vez de insultarme en todos los tonos, como lo suele hacer siempre, me ha propuesto acreencia y un salario bueno”. Entonces el niño sonrió, pensando “Miren lo mucho que puedo hacer: rezar a Dios”

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