Свято-Елисаветинский монастырь
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El estatuto
Me he decidido ir tras las huellas de Cristo, mi Salvador; Señor, bendiceme y ayudeme… ya voy.
Estatuto del convento de Marta y Maria

En el monasterio fue determinado el estatuto interno que las hermanas cumplen sin falta.

El Señor las llamó y las hermanas vinieron al monasterio para ver y reconocer sus pecados, arrepentirse de ellos y para aprender amar a Dios y al projimo. Dejaron sus casas, sus familiares, todos los valores materiales, las diferencias laicas y todo aquello que los diferenciaba en este mundo y alimentaba el amor propio. Ellas se entregaron completamente a la voluntad de Dios y se vistieron con la ropa sagrada de la confesión monacal. Cada hermana debe comprender y recordar siempre que su ropa no tiene un significado de preferencia especial o motivo de superioridad sobre las otras hermanas, sino los harapos de la humildad de Cristo que da muchos deberes a cumplir pero no da ningun derecho. La hermana debe sentir su responsabilidad ante la Santa Iglesia que las ha vestido con las ropas nupciales como Novias de Cristo.

El monasterio en honor a la Santa Reverenda Mártir Isabel — es una residencia comunal, por eso todos los valores del monasterio no pertenecen a ninguna hermana en particular, ellos son patrimonio de la Iglesia y pertenecen toda la comunidad del monasterio.

Cada hermana cumple su obediencia asignada por la hermana superiora con la bendición del padre espiritual. La obediencia es obligatorio para todas las hermanas sin excepción, y debe cumplirse con diligencia.

La vida de las hermanas monjas — es la vida de la obediencia. La obediencia — es la víctima exangüe: en el altar de Dios las hermanas sacrifican su pecado «yo». Se construye la obediencia en la confianza entre las hermanas, la confianza a la hermana superiora y al padre espiritual. No es la disciplina externa severa lo mueve al novicio a la obediencia, sino la aspiración interna de cumplir toda la voluntad de Dios. Cortando su voluntad, luchando con la protesta interna del pecado y el abatimiento en este mundo, nace la persona nueva, la novicia de Cristo, la monja. Adquiriendo la obediencia (que se obtiene con la lucha interna constante), la hermana recibe la libertad verdadera de vivir con Dios y ver a Dios en el prójimo. Sin la obediencia la hermana no puede rezar limpio, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia en las oraciones a los humildes. (Compare: Santiago 4 : 6; 1ra de Pedro 5 : 5). Sin la obediencia la hermana no puede vivir en el monasterio: ella no tendrá fuerzas propias para luchar contra el pecado, y el enemigo encontrará el modo de expulsarla del monasterio inspirándole desconfianza en las otras hermanas y en el padre espiritual. Perturbando la obediencia, la hermana se resiste a la voluntad de Dios y se pone en el camino de la lucha contra Dios.

Las hermanas creen sagradamente que su monasterio — es el lugar donde Dios las determinó para su salvamiento. Dios es Amor, y por eso, deseando amar a Dios la monja aspira a vivir por la voluntad de Dios. Y es para ésto que el Señor reunió a las hermanas y creó el monasterio - la sangrada familia de las hermanas monjas.

Con humildad el uno con el otro, apoyando a aquellos quienes estan a su lado, cada hermana trata que en el monasterio se conserve la atmósfera del amor y la confianza mutua. Todas las cuestiones de incompresión y discusión se resuelven conjuntamente con la participación del padre espiritual y la hermana superiora. No es la sabiduría humana, sino la conjunta oración de penitencia la que ayuda a las hermanas juntas ir a Dios.

Son inadmisibles en el monasterio la condenación, el favoritismo, la adulación y el complimentarismo. Hablar mal de la hermana en su ausencia esta categóricamente prohibido. Todos deben aspirar a ser abiertos y honrados en las relaciones entre ellos. Sin ésto, no es posible ninguna creación espiritual y el monasterio se destruye separandose entre personas que luchan uno contra el otro por la superioridad, imponiendo violentamente su voluntad. Solo aprendido amar a las hermanas que estan a su lado, la hermana puede aprender a amar a todas las personas que necesitan ayuda. Amor - es el más grande don de Dios de este mundo, y solo aquellos que constantemente miran a su corazón, que son humildes ante el prójimo y hacen el esfuerzo diario en la lucha contra el pecado reciben este Don Celeste.

La Santa Iglesia Ortodoxa por mediación de sus Sacramentos refuerza las hermanas en su servicio a Dios y al prójimo. Por eso los oficios divinos diarios, las oraciones en la iglesia y secretas, la confesión frecuente y la Santa Comunión son necesarias para las hermanas en su vida conventual. Sin la bendición especial por circunstancias de obediencia o enfermedad, la hermana no tiene derecho de dejar de orar en la iglesia y secretamente. Cada hermana tiene su regla individual, ella puede aumentarla o disminuirla solo con la bendición de su padre espiritual. Esta regla corresponde con su nivel - novicia o monja.

El cuidado minucioso de la iglesia y la propiedad personal, la simplicidad y la modestia distingue la vida de la monja con la vida cotidiana.

El templo es un lugar sagrado donde las hermanas tratan de conservar una conducta piadosa. Las conversaciones, el caminado libre, la agitación en el templo son inadmisibles. Las hermanas son celosas con el estatuto de los servicios conventuales y valoran el tiempo de estadia en el templo.

Da un gran provecho espiritual la lectura de los Padres Santos. Con este objetivo en el monasterio existe una biblioteca. La hermana dedica su tiempo libre a la lectura de los padres Santos y los devotos de la piedad. Es deseable que los libros sean leidos con la bendición del padre espiritual. La hermana debe leer como minimo una pagina al dia.

Para su desarrollo espiritual es muy importante que la hermana mire constante a su mundo interno y abra regularmente sus pensamientos al padre espiritual. Para esto a las hermanas se les recomienda tener su diario espiritual donde se reflejan todos los movimientos de su alma. No esconder dentro el pecado y no justificarse en sus debilidades sino llevar una guerra contra el pecado dentro de sí, descechando los pecados prácticos y los vicios adquiridos en la vida laica. Limpiar en el alma el lugar para Dios y Sus Santos Dones – esa es la tarea de cada hermana. La hermana debe recordar que su pecado se convierte en pecado general y destruye todo aquello que con la oración y gran esfuerzos general fue creado. La responsabilidad con la vida monasterial induce a las hermanas a tener precaución y cordura en las palabras, los pensamientos, las miradas, en la comunicación con el prójimo y especialmente con el sexo opuesto . La modestia y la castidad caracteriza a la hermana monja.

La hermana que viene al monasterio no sólo lucha contra el pecado que vive en ella sino también trata de orar y servir al prójimo en su obediencia.

Con la santa obediencia a la Iglesia la hermana recive fuerzas beneficas para ayudar al prójimo conocer a Dios. Por mediación de las hermanas Dios consuela a los emfermos y necesitados, le da la esperanza en el salvamiento a los desesperados. Con el amor cristiano las hermanas calientan los corazones de las personas atormentadas y enfermas por el pecado. Visitando a los enfermos las hermanas-monjas imitan a la Santa Reverenda Mártir Isabel, nombre que lleva su monasterio.

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