En la vida conventual cada acción de la persona esta dedicada a Dios, porque ella esta constantemente ante el Semblante de Dios.
La mañana comienza con la oración en iglesia. A la seis menos cuarto de la madrugada las hermanas se reunen en la oración de medianoche – el Servicio que simboliza la espera del Novio Celeste. Durante la oración se cantan los cánticos El Novio está llegando a medianoche. Luego se celebra la Liturgia Divina. Después Después del Oficio divino las hermanas van a cumplir su obediencia. Ellas llevan la luz del Amor de Dios y el calor de sus corazones, sus manos llevan la ayuda allí donde son muy necesarias. Se puede decir que todo el día de la monja se convierte en la continuación del Servicio Divino – del servicio a Dios. Donde quiera que ellas trabajen, sea en el taller, en el refectorio, en el cocido de las hostias o en el hospital, ellas tratan de cumplir su obediencia con oración y diligencia.
A las 2 de la tarde las hermanas vienen al refectorio general. Durante el almuerzo ellas no sólo reciben la comida preparada con amor y oración sino también se alimentan espiritualmente escuchando las lecturas acerca de las vidas y creaciones de los Santos Padres. Después del Oficio divino de la tarde las hermanas con la procesión de la cruz dan la vuelta alrededor del territorio del monasterio cartando los cánticos, y pidiendole a Dios el manto y la bendición. Al final de la procesión de la cruz ellos piden perdon unos a otros por todo para terminar el día vivido con paz en el alma.




